Sobre el futuro del cine y el cine del futuro (¡toma ya!)

Ay, que jartura lo de Zapata. No voy a hablar de ello porque muchos otros ya lo han hecho antes y mucho mejor de lo que puedo hacerlo yo y porque, según lo veo, da para tanto que estaría semanas escribiendo entradas en este blog sin sentirme satisfecho nunca. Diré, eso sí, que es una de las tonterías mas abismales que vi nunca en esto de la actualidad política -y ya es decir-, que demuestra que hay dobles (y hasta triples) raseros, que los buitres harán lo que sea por recuperar su trono y, lo que es más preocupante, que con esto de los límites del humor y de lo políticamente correcto nos están volviendo tontos y se lo estamos permitiendo. Y eso sí que es/será una herencia nefasta muy difícil de remontar. No puedo dejar el tema sin señalar que, así las cosas, Pedro Almodóvar, por ejemplo, nunca podrá ser concejal -aunque no creo que nadie lo deseara- porque sus planes para aquel futuro hijo que iba a tener como mamá incluía, entre muchas otras cosas, incrustarle en la pared o enseñarle a vivir de la prostitución. Dicho lo cual, dejo las polémicas demagógicas -hasta neonazi lo han llamado- y vuelvo a mis labores. Hoy hablaré de cine. O mas bien de cines. O de cosas que pueden pasar por cine y de aquellas que tradicionalmente lo han sido y ahora están al borde de la extinción. Pero empecemos de otra forma que si no no hay quien se entere de ná.

Hace unas semanas fui a un coloquio en el que participaban Víctor Erice y José Luis Guerín. Iba con la intención de escucharlos, de aislarme precisamente de la idiotez cotidiana con la reflexión desde el arte, en este caso desde el séptimo. Y sí, empleo la palabra ‘arte’ con toda la alevosía del mundo porque ese cine es arte. Lo pretende y hay que valorarlo o incluso criticarlo desde esa pretensión, desde ese objetivo. Erice y Guerín hablaron de muchas cosas, pero me quedé con ganas de que desarrollaran una. En el diálogo, reconocieron que su cine estaba concebido para la sala y que, en un mundo en el que las salas de cine desaparecen y el audiovisual migra a las nuevas pantallas, a menudo portátiles y pequeñas, su cine está llamado a desaparecer. Que sí que hay que adaptarse a las nuevas circunstancias tecnológicas, eso dice la teoría, pero cómo. Erice y Guerín llegaron sin darse cuenta o, por lo menos, sin señalarlo, a un callejón sin salida que, una vez pasada la fascinación, me acabó por dejar un pozo de desazón. Porque si ese cine, si todo lo que es capaz de transmitirnos una de esas películas en la oscuridad compartida de una proyección, no puede apreciarse en un ordenador o en Internet, el cine como arte morirá. O se transformará tanto que será como si hubiera muerto…

Un momento de ‘Vidrios rotos’, episodio en el largo colectivo ‘Centro histórico’, y el último trabajo (hasta la fecha) de Víctor Erice.

No había hablado de ello porque no sabía exactamente qué decir ni en que términos. Tampoco lo sé ahora, pero dejo que las dudas fluyan por si alguien quiere aportar su visión. En ese periodo en el que el tema ha estado latente en mi cabeza, aparecieron por casualidad dos momentos en Facebook que me llevaron a este post. En el primero, entre exageraciones orgásmicas ante la nueva Mad Max, leí a alguien que decía algo así como que esto sí es cine y no esos tranques de autor en los que “no pasa nada”. No recuerdo ni el ejemplo, ni el chiste, pero vamos, que el usuario se refería muy posiblemente a películas como las de Guerín o Erice. “Esto sí es cine y no lo otro…”, deténganse en la reflexión.

'Mad Max, furia en la carretera' o cómo resucitar una saga y que (casi) nadie se acuerde del origen.
‘Mad Max, furia en la carretera’ o cómo resucitar una saga y que (casi) nadie se acuerde del origen.

El otro flash vino más recientemente, esta misma semana. Compartía la noticia del final de una nueva edición del Notodofilmfest, el concurso de cortometrajes en Internet por antonomasia. El fallo de este año parece que ha generado polémica. Un conocido blog del sector decía que el trabajo ganador no tenía la chicha de los de otros años. Y empecé a hacer memoria de cortos del Notodo o certámenes análogos, buscando eso que el bloguero llamaba ‘chicha’. Vale, puede que haya habido cortos interesantes en estos 13 años de concurso, pero así, en líneas generales… ¿Los ganadores de otros años, si seguimos las directrices del bloguero en cuestión, sí eran cine y el de este año no? ¿Los cortometrajes del Notodo, perfectamente adaptados a la vida moderna y su ausencia de tiempo y ganas, son cine? Porque lo que suele escasear en ellos es precisamente el lenguaje cinematográfico, la expresividad de la imagen y aquello de ‘esculpir en el tiempo’, que decía Tarkovsky.

Fotograma del corto ‘Pipas’, de Manuela Moreno, que triunfó hace unos años en el Notodofilmfest. Si el cine del futuro es esto, avísenme, que me bajo.

¿Es ese fast cine el único cine que conocerán nuestros hijos? Tan perfectamente adaptado a las prisas y la multipantalla…

¿El ‘cine montaña rusa’ -“Esto sí es cine y no lo otro”- que conocemos acabará también sucumbiendo a la transformación tecnológica y al nacimiento de ese ‘nuevo espectador’? Porque no me digan que una explosión se ve igual en el móvil que en pantalla grande…

¿Tendrán nuestros vástagos sus Erice y Guerín -me valen muchos otros- para que, al menos por una noche y un post, puedan escapar de la idiotez cotidiana o al menos intentarlo? El mundo sería demasiado insoportable si no lo tuvieran.

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